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miércoles, 12 de octubre de 2011

Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupas tanto?


¿Preocuparse? Si, pero hasta la medida justa.
Limitar las preocupaciones debe de ser una línea de trabajo a seguir. Tan lamentable es preocuparse exageradamente por todo, como no preocuparse absolutamente por nada. Partiendo de la base de que todos tenemos problemas, el peso final que tengan los mismos sobre nuestro ánimo, dependerá más que nada de la percepción que tengamos sobre ellos.
Hay actitudes optimistas para los que una situación adversa no es más que la oportunidad declarativa de probar su talla para superar las cosas y actitudes pesimistas que en parecida circunstancia se desaniman y ceden. No se puede exigir a nadie ser un héroe y permanecer íntegro y completo ante los problemas, pero tampoco por ello se puede ser comprensivo con la cobardía. Fortaleza y energía ante todo y tratar de ver oportunidades incluso en lo que sólo parezcan desgracias.
Si has perdido, bajado, caído. Si te has derrumbado o has sido expropiado recientemente de algún sueño o privado de alguna querida y entrañable ilusión, no te preocupes tanto. Subirás, te levantarás, te volverás a construir y volverás a soñar y a experimentar, porque así es la vida y es una verdad inmutable, aunque ahora todo te pueda parecer nefasto.

lunes, 10 de octubre de 2011

Odio.


Quien trata de vivir positivamente comprende pronto que el odio es un limitador de felicidad. Que es imposible ser feliz cuando guardamos rencor hacia alguien; mantenemos un malestar constante por lo que nos hicieron (aunque hayan pasado años) o estamos planificando el mal continuamente para compensar la deuda.
Lo malo del odio es que en él no hay posibles matices. La humillación recibida nos resulta incuestionable y cualquier opinión ajena que contradiga eso que pensamos, será rápidamente descartada, cuando no quemada en la hoguera y enlazada con rabia, extendiendo así el odio a todo aquel que no lo encuentre justificado: "¡Vete!, si no piensas como yo."
El odio desea destruir la fuente de la infelicidad. No transformarla en otra cosa, como por ejemplo el perdón y el olvido, sólo aniquilarla. Se desea el mal a quien consideramos que nos ha causado mal y en vez de permitir que la vida haga su trabajo, creo que siempre lo hace, se pretende restablecer por parte de quien odia la justicia y el equilibrio y ajustar cuentas como modo de sentirse artificialmente mejor.
El odio es como el amor invertido. Y es cierto que en la vida comprobaremos en muchas ocasiones aquello tan usual de que odio y amor son vecinos, y que basta cruzar una pequeña línea, para que el uno se convierta en el otro y quizás el otro en el uno. ¿El amor fuente de odio o el odio fuente de amor? No sé, pero si sé que el amor combinado con odio es más poderoso que el amor ... o que el odio.

sábado, 8 de octubre de 2011

Sigue tu intuición.


¿No lo habéis sentido alguna vez? Es como una especie de "flash" que de repente irradia para indicarte una determinada dirección a seguir. No sabes qué lo provoca ni de qué lugar proviene, pero algo dentro de ti te pide que le hagas caso. El nombre que le demos a esa revelación es lo de menos, aunque comúnmente el término más difundido es intuición.
Creo que está basado en toda nuestra experiencia vital y es el resultado de todo el conocimiento que hemos ido acumulando a lo largo de los años.
Definida en el diccionario como la facultad de comprender las cosas instantáneamente -sin necesidad de razonamiento-, la intuición es de gran ayuda, si confiamos lo suficiente y nos dejamos guiar por ella, cuando se nos aparece tan transparente que no puede ser otra cosa que el anticipo de la verdad.
Generalmente, la intuición suele plantear un conflicto terrible contra la razón, porque la intuición tiene la particularidad de señalarte caminos poco transitados, muy arriesgados o más allá, y en algún caso, casi suicidas. Sin embargo, seguir su rastro te hace llegar a otra dimensión; al lugar en el que ocurren las cosas más grandes y en el que la lógica no tiene cabida. Con intuición se hacen los grandes descubrimientos, las mayores conquistas y se obtienen los mayores triunfos. Eso si, hay que estar dispuesto a asomarse por un instante al abismo y esquivar a la racionalidad, que siempre procurará que esa puerta permanezca bien cerrada.
Sigue tu intuición, sea porque a veces no te quede otra opción o por el puro placer de ir tras ella. La intuición vive, según me han dicho, cerca del corazón, y ya sabes que el corazón nunca se equivoca. Lo sabes, ¿no?

martes, 4 de octubre de 2011

¿Cuánto necesitamos para ser felices?


Quiero decir: ¿con qué cantidad de amor, dinero, aventura, pasión, etc, nos daríamos por satisfechos? ¿En qué preciso momento estaríamos preparados para decirnos: No deseo más, porque soy feliz con lo que ya tengo?
Ciertas personas han establecido un "algo" concreto que les frenará, al alcanzar la felicidad anhelada. Es tal su claridad al respecto, que podrían apreciar su volumen, determinar su forma, establecer su peso y tasar su precio. El dilema para ellos, me temo, no será tanto en si alcanzarán o no aquello con lo que sueñan, sino cuánto tiempo pasará antes de comprender que la felicidad es intangible por naturaleza, y nunca tendrá la forma que imaginaron.
No sé si la felicidad se puede explicar; creo que es más fácil razonar su ausencia. Sin embargo, si algo parece demostrado es que la persecución incesante del poder, de la riqueza o de la fama, lo que se llama ambición, no la conceden, y que nadie se conforma o se resigna. La satisfacción de poseer lo que es más que justo para vivir, parece que si es una vía para obtenerla.
Quien todo lo quiere, todo lo pierde, y la pasión incontrolable por el logro de bienes nunca tiene fin, siendo prisioneros de ella hasta el final, puesto que nada será jamás bastante. Algún día en el que nos sintamos especialmente avispados, volveremos la vista atrás y verificaremos que no valió la pena haber sacrificado tanto, a cambio de la apariencia de una gloria tan fugaz como vacía.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Es más fuerte el que es capaz de vencerse a sí mismo.


Es un hecho que la vida pone a prueba nuestra capacidad de contención cada vez que nos coloca en situaciones límite. Momentos en los que la presión resulta tan agobiante, que es fácil que se quiebre nuestro buen carácter habitual y acabemos reaccionando con un estallido repentino de excesiva violencia. Es importante cuando nos encontremos al borde de la "estampida", que ejerzamos cualquier esfuerzo tendente a sujetarnos y como prudente medida para evitar un perjuicio mayor.
El autocontrol es la clave. Evitar esa poderosa voz interior (que a medida que aumenta el conflicto, se va haciendo más audible) y que nos empuja a actuar sin pensar. Sin pensar, si, porque si nos dejara hacerlo seríamos capaces de frenar el ímpetu inicial y orientar la situación de una forma más favorable a nuestros intereses.
Complacer de inmediato los arranques de rabia, puede que sea una manera rápida y eficaz de liberar el enfado del momento, pero tan sólo unos segundos después viviremos la amarga decepción de no habernos sabido contener y haber dejado escapar sin freno (probablemente con excesiva crueldad y desproporcionada, por el "calenton" del momento), aquello que deberíamos haber callado ... y que, incluso, a lo mejor ni siquiera pensábamos así.
Si lo pensamos bien, cualquier réplica no inmediata, supone disponer de más tiempo para planear una respuesta, evaluar alternativas de acción y tantear pros y contras de nuestras reacciones. Todo son ventajas.
El autocontrol nos ayuda también a moderar otros impulsos más terrenales tales como el "no permitirnos" ciertas cosas, cuando creemos que nos perjudican. Esa voz interior que nos marca límites, 'no hagas eso', 'resiste esa tentación', 'prívate de aquello porque te sentará mal', la oímos todos claramente; algunos optan por hipnotizarla y otros por atenderla. Lo primero origina frustración, lo segundo eleva nuestra propia consideración.
Y además, los daños de la pérdida del control de uno mismo suelen ser devastadores. Las reacciones se contagian a gran velocidad y la rabia se expande a la de la luz. La destemplanza y la falta de respeto mutuo, acaban con más relaciones que casi cualquier otro motivo. Es muy difícil detener las heridas de un enfrentamiento feroz, provocado quizás por una absurda tontería y por no haber sabido callar a tiempo. Somos tan absurdos -o tan egoístas-, que por quedarnos a gusto, llegamos a decir palabras especialmente repugnantes, quién sabe si injustas también, que acaban estropeando de raíz algo que tenía todo el futuro. ¿Vale la pena?

miércoles, 31 de agosto de 2011

Querido yo:

Tienes que caminar y pretender que tu vida no sea un completo desorden. Pon música en tus oídos y si es necesario busca la canción mas animada que no te haga pensar, para que tu caminar no sea lento y pausado cada vez que te ataquen los recuerdos. No te detengas. Ahora respira un poco, lo mereces. Mira a tu alrededor, estas rodeada de gente que dice quererte y respetarte, aunque lo último sea relativo en este tiempo, ya que parecen tener más fuerza las decisiones de ellos que las tuyas. Te crees débil en este momento, pero tu no eres así, no te preocupes, tienes tiempo de sobra para recuperarte, entiendo que estés confundida, pero siempre lo has estado, es solo que ahora te has demorado un poco de más. 


Es tiempo de que te detengas un poco y analices bien a donde quieres llegar. Yo sinceramente creo que ya tienes que quitarte esa idea que tanto te atormenta. Sé que no es fácil pero debes intentarlo. ¿Te das cuenta el daño que te haces? Es bastante obvio que tienes que detenerte de una vez por todas, aunque duela mas que seguir. 


Creo en ti, en que aun puedes encontrar un camino que no te haga daño, en que la vida dejará de ser algo tormentosa e infeliz. Pero insisto, tienes que liberarte, atreverte a romper esas cadenas que ya te están ocasionando heridas que, créeme, con el tiempo se harán incurables si no haces algo al respecto.

Solo intento rescatarte, orientarte un poco. Soy la voz que nunca escuchas, y no sabes las ganas que tengo de mostrarte que fuera, hay un gran hueco de felicidad para ti...lo sabes.

Ais.

No me puedo quitar esa imagen de la cabeza. No puedo ignorarlo. No quiero. Podría pasarme horas convenciéndome una y otra vez de lo mismo sin conseguir resultado alguno, ¿para qué? si en menos de un minuto descolocas las piezas. Luego no sé organizarlas, ordenarlas, no consigo encajarlas, me aburro de intentar colocarlas y termino por abandonarlas a un lado. Las cosas no son tan fáciles como parecen. Esta situación se nos ha ido de las manos...

domingo, 28 de agosto de 2011

Unsafe (your fault).

Hoy es uno de esos días en el que sientes la constante necesidad de llorar. Eres feliz, o eso crees. Todas las señales que hay a tu alrededor indican que lo tienes todo en tu mano para lograr esa felicidad cósmica de la que tanto has oído hablar.
Aún así lloras hasta que tus ojos te piden un descanso.
Pensabas que nunca volverías a sentir aquella horrible sensación.
La inseguridad hace acto de presencia en tu mente, tirando al traste esquemas que creías más firmes.
Hoy es uno de esos días en los que las palabras "Lo siento" toman el control de tus labios y se pronuncian una y otra vez. Intentando, así, cesar las voces que intentan ayudarte a salir del pozo y hacer que brilles otra vez.
Necesitas salir por ti misma adelante, como hacías antes, al menos una vez más.

martes, 23 de agosto de 2011

*

Ya sabes, eso de lo que se habla y no se ve.
De lo que viven los ilusos y que adoptan los crédulos.

Una mirada, dos pasos, tres palabras, cuatro caricias, cinco suspiros, seis emociones, siete besos, ocho sueños, nueve promesas y un amor.

domingo, 21 de agosto de 2011

Mañana siempre es tarde.


Mañana, siempre mañana. Tenemos una capacidad asombrosa para vivir en el mañana, despreciando la mayor parte de las veces el presente y como si la solución a todos nuestros problemas o inquietudes o el logro de nuestra mayor parte de felicidad o el mejor de nuestros momentos, sólo pudieran ser parte del futuro.
Creo que es poco inteligente desaprovechar o dejar correr los días pensando siempre en que los vamos a encontrar mejores. Las cosas no funcionan así. Lo que tenemos y disfrutamos, lo tenemos hoy, y quién sabe si lo tendremos mañana. Por tanto, fiarlo todo al porvenir aplazando las intenciones, no parece aconsejable.
Más nos vale hacernos a la idea, por dura que resulte plantearla, de que el mañana no existe. Que mañana es solo una vaga ilusión o una promesa que bien puede cumplirse o no. De esa manera, evitaríamos la tardanza de todo disfrute y el aplazamiento de proyectos, planes o sueños, que ciframos poder hacer siempre en el tiempo que llegará y nunca en el que estamos.
Un hoy vale por dos mañanas. La esencia de la vida está en el presente. El ayer pasó y el mañana es incierto y por ello deberíamos aprovechar el 'hoy', lo único que verdaderamente poseemos.
Piensa en todo lo que has pospuesto y empieza a hacerlo ya. ¿Son muchas tus acciones pendientes? Pues como todo, hazlas una a una, pero comenzando hoy. Para quien tiene claro lo que quiere, mañana siempre es tarde.

Retos.

Es esa embriagadora sensación que percibes con nitidez desde la cima, una vez alcanzado plenamente un objetivo. Te has volcado con todo tu empeño en él; has luchado más allá de lo que pensabas que podrías envolverte para conseguirlo; te has desgastado hasta el agotamiento, y das paso a la euforia propia de aquél que logró finalmente lo que tan poco le llevó soñar y tanto le ha llevado conquistar. Una íntima satisfacción comparable a nada más, te hace estallar de orgullo y te sientes, literalmente, en la cima de tu vida...
Y es que por fin has alcanzado aquello por lo que te has estado esforzando tanto y por lo que probablemente reistes, llorastes, sufristes y disfrutastes alternativamente. Aquello que te dejó sin dormir y que a la vez, y de forma paradójica, fue lo que te hizo dormir mejor. Lo has alcanzado y te sientes rebosante y lo celebras pero; ¿cuánto te dura la satisfacción?
De repente, te das cuenta de que esa montaña escalada forma parte de una cordillera y mirando a tu alrededor, adviertes que hay otros muchos retos por conseguir y fijas de nuevo tu horizonte en la obtención del siguiente.
Parar, detenerse para siempre, puede ser una opción (de hecho lo representa para muchos), pero la gente más valiosa necesita una misión permanente para sentirse viva en su plenitud.
Se dice que somos lo que hacemos, para cambiar lo que somos y esa tarea no se extingue jamás. Los conformistas afirmarán que el impulso responde a una desproporción de ambición; yo sin embargo, considero que el planteamiento y el cumplimiento de nuevas expectativas es parte de la tarea de completarnos y así, hasta llegar a convertirnos (quién sabe cuándo) en la auténtica persona que podíamos llegar a ser.

Excusas.


Nadie mejor que nosotros sabe si lo que hacemos es suficientemente bueno y si es el resultado de lo mejor que seríamos capaces de hacer, pero creo que nunca deberíamos de despreciar la crítica cuando el desenlace de nuestra tarea es negativo. El problema es que no somos capaces de reconocer lo que para el resto resulta obvio.
Es mucho más ilustrativo y moralizante, reconocer cuando algo de lo que haces simplemente no funciona, que justificarse, por ejemplo, en el mal gusto o falta de inteligencia de los demás o en la carencia de las herramientas apropiadas para llevarlo a cabo o en la impertinencia temporal de la propuesta (que hubiera triunfado sin duda en otro momento) o puestos ya explicar un fracaso, argumentar que resulta que ese día llovió o que salimos tarde de casa o que fuimos al dentista y nos mareamos... cualquier cosa para proclamar al mundo que, al contrario de lo que el mundo ve, nosotros no nos hemos equivocado.
Nunca-hay-que-dar-excusas. Estas palabras deberían estar grabadas a fuego en nuestros subconscientes. Nunca. Las excusas sólo sirven para certificar nuestra incompetencia. Es así de simple. Cuando tienes excusas o buscas una defensa, estás reconociendo un error y no esquivándolo, como se pretende. Al buen entendedor sólo le bastará escuchar una excusa, para saber que te defiendes de algo que no hiciste bien.

^^

¿Cómo podrías definir algo perfecto? Ni nada, ni nadie es perfecto. Ni siquiera las acciones ni los momentos y tampoco un día concreto. Además, ni por estar con unas personas u otras. Pero de lo que uno tiene que estar seguro, es que esas acciones y esas personas con las que lo hemos compartido, convierten esos momentos en únicos e irrepetibles.

Piensa en lo que tienes y no en lo que te falta.


Lo importante, cuando uno pretende cambiar algo en su vida con lo que no está de acuerdo, es meditar sobre ello. Intentar entender cuál puede ser el origen de un malestar o el porqué de la inquietud que sentimos. Qué es aquello con lo que no estamos conformes y que de repente (o no tan de repente), nos anima desde dentro a mover algo que creíamos bien cimentado. Tomarse tiempo para valorar lo que se siente y ver si tiene posible arreglo antes de emprender el camino del cambio, es fundamental.
Y también es crucial, no generar unas expectativas tan ambiciosas y perfectas sobre lo que vamos a encontrar una vez tomada la decisión del cambio, que nos veamos después defraudados e incluso peor que antes. A veces, cuando cambiamos algo, no cambia nada y conviene saberlo y es así porque las causas de la intranquilidad no estaban en lo que hemos cambiado. Así que con cuidado y a pensarlo bien.
El cambio no sólo se produce tratando de obligarse a cambiar, sino tomando conciencia de lo que no funciona.
Piensa en todo lo que tienes, no en todo lo que te falta. ¿Conformismo? ¿Resignación? ¿Sumisión? Nada de esto, sólo y tal vez, generosidad.
Muchas veces estamos tan pendientes de los logros por venir, de conseguir tal cosa o aquella otra, de alcanzar tal rango, estatus o privilegio, que nos olvidamos de valorar -y es un claro desprecio- lo que ya tenemos.
La vida es muy sabia y nunca deberíamos llegar a esta situación, pero a la vida sólo le haría falta un pequeño soplo adverso y hacer que desapareciera algo de lo que ahora no valoramos, para que de repente diéramos todo aquello que creíamos que nos faltaba a manos llenas, con tal de recuperar lo que se fue. ¿No es así?

sábado, 30 de julio de 2011

No hay segunda oportunidad para una primera impresión aunque debería haberla.


Somos tremendos. Nos solemos fiar únicamente de las apariencias para hacernos una idea sobre un asunto o lo que es peor, sobre una determinada persona a la que acabamos de conocer. ¿Cómo podemos ser tan soberbios para confiar en nuestra perspicacia natural y juzgar y etiquetar a alguien, sin tener ningún dato que nos corrobore que lo que estamos pensando tiene alguna apariencia en realidad?
Dicen algunos: “Es que mis intuiciones no fallan a la hora de conocer a una persona. Cuando me presentan a alguien, ya se muchas cosas sobre esa persona e incluso si me llevaré bien o mal con ella”.
¿Qué narices, objetivamente, podemos saber de un primer y fugaz encuentro? ¿Conocemos los sueños de esa persona? ¿Conocemos lo que le motiva, lo que le da pena, lo que le hace disfrutar o sufrir? ¿Conocemos cómo de tristes o alegres fueron sus años vividos? ¿Conocemos cómo ha llegado hasta dónde está y por qué caminos? ¿Conocemos adónde ha viajado y qué ha aprendido? ¿Conocemos en qué emplea su tiempo libre, con quién vive, quienes son sus amigos o si tiene muchos o pocos? ¿Conocemos qué opinión tiene sobre los temas que nos interesan? ¿Qué sabemos al respecto de su talento, de su inteligencia, de sus pasiones, de sus gustos …?
No sabemos nada en absoluto, pero ya le adjudicamos una etiqueta. A veces se rectifica, pero otras veces ni nos tomamos la molestia porque ya hemos llegado a una conclusión y nosotros nunca nos equivocamos.

domingo, 17 de julio de 2011

Preocupaciones.


Hay dos tipos de preocupaciones: las que tú puede hacer algo al respecto y las que no. No hay que perder tiempo con las segundas.
Dos tipos de preocupaciones y solamente un tipo en el cual podemos influir para cambiar las cosas. Por tanto, dice la más estricta lógica, preocuparse por el otro tipo -por el que no está a nuestro alcance cambiar- es inútil, tanto como hacer favores a un ingrato o como echar agua en el mar.
No somos para nada razonables. Pasamos una gran parte de la vida moviéndonos entre el futuro y el pasado. Utilizamos el retrovisor para el pasado, cuando preocuparse por él es tiempo perdido, ya que ni volverá, ni se puede restituir, ni se puede mutar en algo diferente a lo que ha sido, es y será ya para siempre. En el pasado viven los recuerdos, pero no nosotros. Quizá si alguien que se parecía mucho a nosotros, pero desde luego no quienes somos ahora mismo. Este es un típico caso de preocupación en la que no podemos intervenir.
Para asomarnos al futuro usamos el telescopio tratando de adivinar lo que nos deparará, preocupándonos de forma exagerada por ello y olvidándonos de que la vida no se aplaza a nuestro antojo y que hasta llegar hasta ese punto pequeño que observamos a lo lejos, hay que seguir viviendo plenamente cada día. Olvidemos también esa preocupación, porque es pagar un interés por los problemas antes de la fecha de vencimiento.
Es humano preocuparse, pero tengamos en cuenta que el presente ya se basta por sí mismo para generar suficientes problemas a resolver y además, el presente es el único tiempo verbal en el que de verdad podemos intervenir y resolver y ni siquiera con todas las cosas que nos ocurren.
Hoy es el mañana por el que tanto te preocupaste ayer. ¿Valió la pena?

Si tuvieras dos caras, ¿cuál usarías?


Pienso que es interesante saber sobre la autenticidad y sobre el hecho de ser auténtico, más allá de las apariencias o de las convenciones sociales establecidas.
Nos traicionamos sin duda a nosotros mismos, cuando formamos parte de algo ajeno, disimulamos lo que en realidad somos, para adaptarnos a lo que creemos que los demás quieren que seamos y que no tiene nada que ver con la esencia verdadera de nuestro ser. La vida se llena de esta forma de disimulos y de falsas apariencias y tal es así, que llegamos a pensar que sólo nos acabarán aceptando si mostramos una versión light, cuando no falsa, de nosotros mismos.
Y así nos vamos adaptando y nos volvemos serios, aunque seamos alegres o risueños cuando en realidad somos serios o aficionados a tal o cual cosa, aunque en realidad la odiemos y nos llegamos a vestir uniformemente al resto, aunque tengamos estilo propio y frecuentamos sitios en los que no nos sentimos cómodos o acabamos, en definitiva, haciendo cosas que no nos gusta hacer ...
Es el sentido de pertenencia. La necesidad que tenemos de compartir con otros, para ni estar, ni sentirnos solos. Eso no está mal, pero creo que deberíamos hacerlo sin traicionar lo que somos.
¿La receta?: ser auténticos. Ser nosotros mismos y no una pálida versión. Eso implica ser diferente sí, pero es que lo somos de hecho, y no sentir miedo por mostrarnos en realidad.
Las falsas apariencias son como los edificios, tarde o temprano se derrumban y se descubre el verdadero ser. Y es que todo resulta más fácil y nos sentimos mejor cuando nos comportamos con autenticidad. Cuando aparentamos ser otra cosa, se percibe siempre y algo por dentro nos dice que la persona que tenemos delante y que se comporta de determinada manera, no es realmente así.
Por lo menos a mi me ha pasado, que cuando he aprendido con los años a ser yo y a renunciar a lo que los demás puedan llegar a pensar de mi, es cuando mejor me he sentido. Es de lo más deseable que a uno le puede pasar y no me he perdido nada por ello, salvo lo que ha sido mejor perder. ¿No es positivo que los demás sepan siempre exactamente cómo eres y lo que pueden y no pueden esperar de ti?

jueves, 7 de julio de 2011

Trabas.

Una visión positiva de los asuntos no resuelve las cosas por sí mismas, pero ayuda lo suficiente como para poder encarar cualquier reto, aumentando con mucho las posibilidades de conseguir lo que nos hemos propuesto.
¿Son inevitables los obstáculos? Entiendo que lo son, porque nadie puede, perfectamente, llegar a pensar que en la vida todo transcurre siempre por autopistas perfectamente asfaltadas, sin tráfico, sin baches o sin curvas complicadas.
Ante los obstáculos: o verlos como una vía muerta y en la que acaba por tanto toda posibilidad de seguir o contemplarlos simplemente como una parte más de la travesía y tratar de aplicarse en su superación. ¿Qué haces tú ante ellos?
Reforzar la confianza y creer en nosotros mismos, es fundamental para hablar de superación y de tal manera, que en ello puede estar la diferencia entre dejar atrás el obstáculo o no poder con él.
Nos medimos ante los inconvenientes. Nos imaginamos en la adversidad y en los problemas y sólo nos reconocemos en toda nuestra capacidad, cuando intentamos dar solución a lo que aparentemente no la tiene.
Muchas veces nos ciega la impaciencia y pretendemos resultados no ya mañana, sino ahora mismo y con ello no comprendemos que a veces atravesar una roca que aparece como obstáculo en mitad del camino puede representar, aparte de un ejercicio pesado y monótono, largo en el tiempo. Pero la roca acaba siendo perforada por aquel que emplea suficiente paciencia y motivación en ello.

martes, 5 de julio de 2011

No me da la gana.

No sé lo que quiero hoy, ni lo que querré mañana. Realmente no sé si soy feliz con lo que tengo con lo que dejo de tener, si tengo lo que quiero o sólo quiero lo que tengo. No sé si voy por el buen camino o me torcí hace tiempo. 
Pero puedo decir sin dudas que disfruto de mi vida, que no voy a pensar en el futuro ni en el día de mañana. Puede que dentro de algunos años mi vida cambie radicalmente y mi mundo tal y como es ahora deje de tener sentido. Por eso quiero salirme del camino, hacerle caso al corazón y no a la razón. Porque me gusta mi mundo tal y como es ahora y quiero aprovecharlo por si se derrumba. Quiero equivocarme, como ya he hecho varias veces desde que propuse no hacerlo y dejar de escuchar eso de: ¿has pensado en lo que puede pasar después? Pues no, no lo he hecho y no me da la gana de hacerlo.

Odiar

¿Para qué sirve odiar?, ¿Cómo desahogo?, ¿Cómo venganza? Desde la más pura lógica y sin otras implicaciones, el odio es inservible. Envenena más a quien lo promueve, que a quien lo padece. Y no es que no arregle nada, sino que todo lo enturbia y lo violenta y su capacidad de construir es nula, puesto que justamente se basa en la destrucción.

Intentando encontrar razonamientos coherentes del por qué se odia a alguien, he dado más que con las razones que impulsan al odio, con lo que pasa en el cerebro de las personas que odian. Es decir, más con el qué ocurre, que el por qué ocurre. Pero tal vez ayude algo.
En cuanto al qué, un equipo de investigadores británicos, ha descubierto cuál es el circuito del odio observando mediante imágenes de resonancia magnética, el cerebro de 17 personas (hombres y mujeres) mientras veían fotos de rostros de personas por quienes sentían animadversión (cedidas por cada participante) y alternados con otras caras neutrales que no despertaban en ellos ningún tipo de sentimiento.
De esta forma vieron las áreas neuronales que se activan al odiar. La red que se pone en marcha con esta pasión irracional implica a dos regiones del cerebro, curiosamente las mismas que se activan en el amor romántico. Ambas pasiones comparten dos estructuras cerebrales, una semejanza mayor que la presentada con cualquier otra emoción.
Y esto sin duda es lo más llamativo del estudio. El amor puro y el odio cerval, comparten lugar en el cerebro. Somos sofisticados y complejos. El mayor bien conocido y una de las peores lacras del ser humano, no es que sean vecinos o conocidos… es que comparten la misma casa.
El odio, digámoslo, es accesorio, innecesario, inútil y resulta más devastador para quien lo siente, que para el que lo padece, que muchas veces ni se entera de esa fatal aversión que despierta. Ya se que habrá momentos o situaciones en los que inevitablemente lo sintamos llegar, pero hay que dejarlo pasar.

Nuestro mayor error: Cuando debemos pensar, sentimos; Cuando debemos sentir, pensamos.


Cuántas veces nos habremos llevado las manos a la cabeza en un claro gesto de impotencia, al comprobar que aquello que habíamos pensado (o malpensado), no era exactamente así.
No somos dioses, aunque algunos lo pretendan, como para ver más allá de las evidencias e interpretar y descifrar lo que no distinguimos nada más que parcialmente y, por tanto, no conocemos en toda su extensión.
Si te digo que las cosas no son exactamente como pensamos, seguro que estarás de acuerdo conmigo ya que eres lo suficientemente racional, pero eso no evitará que la próxima vez que tengas, bien la necesidad o bien la curiosidad de saber algo, trates de adivinar, en vez de atenerte a la evidencia de lo que de cierto ya sabes.
Vemos la realidad y llegamos a conclusiones precipitadas, porque queremos tener una opinión formada cuanto antes. Sin esperar a la resolución de los acontecimientos, o al menos a poseer algún indicio más que avale nuestra primera impresión.
No hay que olvidar que cada situación, conflicto o suceso, oculta secretos matices y que de conocerlos, cambiarían completamente nuestra perspectiva sobre ellos ... como hemos comprobado tantas veces.

Duerme para soñar*


Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar ... decidí no esperar a las oportunidades sino yo misma buscarlas, decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución, decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo la mejor y que quizás nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, «el amor es una filosofía de vida». Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas ... Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar ... ahora simplemente duermo para soñar.