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domingo, 24 de abril de 2011

You're not alone.


Cuando estés de noche en tu habitación, aún cuando tengas las puertas y las ventanas cerradas y apagada la luz, no digas que estás solo: nunca se está solo.
La soledad es comúnmente aceptada, como un estado de desamparo e incomunicación del que hay que tratar de salir cuanto antes y a toda costa e incluso si para ello, debemos aceptar el "sacrificio" de soportar la compañía de personas con las que no compartimos ni los mismos gustos e intereses ni los mismos ideales y ni lejanamente parecidos sentimientos. ¿Merece la pena que para huir de la soledad, nos obliguemos a convivir con quien no tenemos casi nada en común?
A mucha gente le parecerá que si, porque cualquier remedio es bueno antes que tener que enfrentarnos cara a cara con nuestro propio yo y dialogar profundamente y sin ruido con él en soledad.
No obstante, que no todas las soledades son nocivas. Las hay buscadas; las de aquellos que persiguen en el silencio y la armonía propios una reflexión calmada y estimulante. Pero como dice un viejo aforismo: la soledad es un buen lugar para encontrarse, pero uno muy malo para quedarse.
Sería demasiado cruel decir que quién está solo es porque realmente así lo quiere. Podría resultar incluso ofensivo para todos aquellos que experimentan al borde del drama el dolor intenso de la soledad, siendo incapaces de escapar de un aislamiento que no pretenden.
Pero, como siempre, para cambiar el curso de lo que nos ocurre no hay otra receta que actuar. Hay que intentar alegrarse de la situación que atravesemos y sentir que somos víctimas de no sé qué maldición desagradecida que nos impide; no nos ayudará a salir nunca del lugar en el que estamos.
Hay una Ley "divina"; algunos le han puesto nombre, aunque yo huyo de todas las etiquetas. Esa Ley determina que recibes, aquello que das. Y se cumple exacta y estrictamente siempre, en una suerte de equilibrio o de compensación universal. La forma de encontrar compañía es brindándola, la manera de sentir amistad es siendo a la vez amigo y la de ser amado es amar. Es simple, pero eficaz.

Miss U*


Te echo tanto de menos, ahora estoy despierta; solo abrázame fuerte, en cada sueño tú eres la luz que me guía. Estábamos perdidos, en este camino tortuoso; te echo tanto de menos, te llamo de nuevo, ven, ven esta noche.

Solo abrázame fuerte. En esta lluvia desértica, tú eres mi luz guía. Estábamos perdidos, en este camino de la marea, nos olvidamos del amor, nos olvidamos de nosotros.

Ahora, estoy aquí, los sueños se han hecho realidad.
Siento que la arena se está marchando con la tormenta, y yo estoy dentro de este sueño, que parece una lluvia desértica.
Siempre tendrás mi alma, incluso los sueños son mundos secretos.

viernes, 15 de abril de 2011

Tu carácter, traza tu destino.


El carácter se define formalmente como el conjunto de reacciones y hábitos de comportamiento que se han adquirido durante la vida y que dan especificidad al modo de ser individual.
En el lenguaje coloquial, ya sabemos que no siempre preciso y muchas veces falaz, señala que una persona que “tiene carácter”, generalmente es porque posee un "mal carácter", sin matizar que una cuestión es disponer de una personalidad definida y un sólido temperamento y otra simplemente ser desagradable y maleducado.
La desconsideración y la pérdida del control en las situaciones de presión, son síntomas de una naturaleza desequilibrada cuyo efecto sobre los demás suele ser la generación de una tensa y permanente angustia alrededor.
Tener carácter es ser consecuente con nuestras ideas, principios y valores y estar dispuestos a defenderlas con interés, pero con respeto, teniendo claro que nunca hay razones absolutas y, si acaso, sólo argumentos propios discutibles. Las ideas no se imponen, y menos con agresividad y violencia verbal; las ideas se exponen.
Tener carácter es ser capaz de responder a los enigmas, misterios y problemas que la vida trae consigo a cada paso, recurriendo a lo que ya hemos aprendido y estando dispuestos a aprender lo que aún nos falta. Es también controlar los impulsos, dominarse a sí mismo y no ceder a la corriente imperante cuando nuestras convicciones son firmes.

Tener carácter es no temer equivocarse, porque el error forma parte del aprendizaje y, por supuesto, no preservarse en los demás para tomar una decisión que debe ser propia, es decir, adoptar individualmente las decisiones que afecten a nuestra vida y ser responsables del resultado de las mismas sea este el que sea.
Y en definitiva, tener carácter es no desmoronarse en las situaciones más adversas, porque manteniéndose firme y confiado se sale de ellas; algo imposible si nos entregamos a la desesperación.

La única cosa casi segura, es que ese día llegará.

Cuando la espera para que cambie una situación adversa se prolonga y recobra tintes de eterna, es normal que perdamos la fe y que tengamos, además, el legítimo derecho a ello. Somos ídolos en potencia que, a medida que el tiempo va desgastando nuestros sueños, tendemos a venirnos abajo sin solución y hay que estar muy convencido y, sobre todo, disponer de una esperanza sin fisuras, para no someterse ante el desaliento.
Esperanza no es fingir que no existen los problemas, pero sí que estos tendrán fin. Es la confianza de saber que las dificultades no son perpetuas, que las heridas curarán, y que la adversidad se acabará superando. Es también quizá lo único que nos puede mantener en pie, cuando estamos desesperados.
La esperanza es el sentimiento que te hace sentir que lo que tienes no es permanente.

jueves, 7 de abril de 2011

Muchos de nuestros sueños parecen al principio imposibles ...


... luego pueden parecer improbables, y más tarde, cuando nos comprometemos firmemente, se vuelven inevitables.
Pincha aquí para ver esta foto.Nadie duda de que todos tengamos incorporada ‘de fábrica’ la capacidad innata de soñar, pero también resulta indudable, que sólo unos pocos desarrollan a su vez la capacidad de convertir aquello que anhelan en algo definido y real.
Bien es cierto que no somos iguales, y que hay personas con talentos y habilidades desarrolladas al extremo, lo que en principio parece un buen aval para lograr cuanto se propongan en la vida. El misterio se plantea cuando constatamos que muchos de los que han conseguido alcanzar metas importantes, lo han logrado, objetivamente, sin poseer ni unas aptitudes ni unas destrezas singulares. Entonces, ¿qué diferencia a las personas que transforman sus deseos en una realidad tangible y aquellas que no?
Pincha aquí para ver esta foto.
Algunos, al tratar de responder a la pregunta, aludirán a la tenencia de suerte como factor esencial. Otros lo explicarán por la aparición accidental en el horizonte de buenas oportunidades. Otros dirán que lo fundamental es la disposición de las herramientas apropiadas en los momentos oportunos y algunos, los más místicos, solo creerán que una persona que carezca de preparación, de suerte, de oportunidades y de herramientas, sólo será posible que cumpla sus sueños si son favorecidos por un milagro. Y sin embargo, a veces ocurre así…
Me atrevo a decir que el pequeño porcentaje de personas que logra hacer realidad sus ambiciones, se las toman muy en serio. Es decir, no admiten bromas ni medias tintas al respecto. Son su absoluta prioridad. Se comprometen con todo su ser y hacen que ese deseo arda en su interior hasta inflamarles de entusiasmo. A la vez, creen que lo que persiguen es posible y esa creencia ilimitada les mantiene en marcha, por mucho que las circunstancias sean adversas. En resumen: poseen determinación y perseverancia.
Siguiendo con las cualidades que atesoran los ‘cumplidores de sueños’, digamos que conocen bien lo que desean y podrían ser muy específicos con los detalles. No quieren una vida mejor, saben perfectamente de qué color es esa vida, cuánto pesa, cuánto mide, dónde se encuentra, con quién la compartirán y quién les puede ayudar a llegar hasta ella…
Y confían en si mismos, porque saben que son capaces (suspenden la incredulidad) y que si acaso no lo fueran, encontrarían las capacidades y el conocimiento que les faltasen por el camino.
Pincha aquí para ver esta foto.
Además, no les importa sacrificarse en lo que desean y no buscan jamás la manera más fácil y rápida de hacer las cosas.
En el viaje hacia lo que soñamos, ser positivos, pacientes, apasionados y persistentes, se convierte en el mejor equipaje. La alegría del cumplimiento y la recompensa, acabarán pesando más que cualquier dolor y penuria soportados. Y cuando cumples el primero de tus sueños, lo bueno es que ya no se te resistirá ninguno de los que vayan detrás.

Vive tus sueños.

¿A quién seguir cuando estás perdido en tus sueños?
¿A quién le susurras tu dulce melodía?
En la oscuridad y en la luz de la luna estas en busca de lo que va a llevar a esos recuerdos porque los ángeles son como el sol.
Cuando tu vives tus sueños, vives tu vida. La felicidad es ahora y siempre. Quiero que sepas que cuando tu puedas amar, podrás volar.
Y desaparecer ante tus ojos ...
Y el más allá es ese vacío. Ahí, donde solamente estamos tú y yo.
Soy la energía y tú la fuerza. No importa dónde estés. Puedes vivir, puedes amar.


miércoles, 30 de marzo de 2011

El futuro está en nuestras manos.


Nosotros controlamos nuestro futuro, nuestro destino. Lo que pensamos se convierte en realidad. Al registrar nuestros sueños y metas en papel, ponemos en movimiento el proceso de llegar a ser la persona que queremos ser. Pongamos nuestro futuro en buenas manos ... las nuestras.
En realidad, tenemos que tener la certeza de que nadie mejor que uno mismo puede conducir su propio destino.
Estableciendo la analogía correspondiente, también existe un código de circulación 'vital' en el que, al igual que sucede con el código vial más extendido, hay que atenerse a determinadas 'reglas de circulación' si no queremos ser penalizados.
Estas podrían ser algunas de esas reglas:
Respetar la velocidad, por ejemplo. Asunto clave porque la vida tiene su propio ritmo y hay veces que intentamos acelerar y atajar por la vía rápida, poniéndonos en evidente riesgo (a nosotros y a los demás) y no por ello alcanzando lo que deseamos antes, sino incluso nunca.
Obedecer las señales y sobre todo las de peligro. Los semáforos y los Stop están para algo, y detenerse en ellos no significa renunciar; implica estar atentos a lo que ocurre, dejar que la circulación fluya y respetar a aquellos que, eventualmente, tienen preferencia. Siempre llegará el momento en el que nos tengan que ceder el paso a nosotros.
Poner todo el interés en la conducción y evitar las distracciones. Fijando permanentemente la vista en el camino o lo que es lo mismo, en el objetivo, prescindiendo de todo aquello que nos pueda distraer de él.
Preocuparse de conocer la ruta que nos lleva hasta el destino elegido y en caso de equivocarnos de carril y acabar en un callejón sin salida, utilizar un mapa o un Gps que nos marque de nuevo el camino correcto, recordando que no siempre el camino más corto, es el mejor.

martes, 29 de marzo de 2011

Y así es.

Maniática, caprichosa y hasta obsesa. Lo reconozco, a veces, o mejor debería decir, la gran mayoría de las veces, no soy fácil de entender, ya que no me entiendo ni yo misma. Soy un pelín rara, tengo mis manías como cualquiera y hago cosas de crías. Soy bastante estúpida y borde e incluso una enfadona, pero se me pasa enseguida.  Soy de las que lloran por cualquier chorrada; paso de estar bien a estar mal en un chasquido de dedos. También de las que no exteriorizan sus sentimientos, con tal de hacernos las duras... Esto puede ser  grave, pero forma parte de mi personalidad. Soy bastante risueña, me gustan aquellas cosas que no puedo hacer y las que hago o tengo la mayoría del tiempo ni las valoro, por la ignorancia supongo. A pesar de ser así, hay personas que me valoran tal cual y debería agradecerlas estar siempre ahí, pero ahora mismo una de ellas se marchará fuera.
A pesar de que casi nunca le veo, de las 24 horas que tiene el día paso hablando con él 25. Es la persona que más llamadas perdidas, mensajes de texto, de voz…  me puede llegar a hacer a lo largo de un día y el que más se preocupa por mí (o eso creo) y creo que de las pocas que consigue medio entenderme. Es de las pocas personas que me sacan una sonrisa solo con verme. Y también de las que se muestran tal cual son.
He de decirte que me alegro de que te marches. Me alegra que puedas comenzar una nueva etapa de tu vida fuera de aquí, no tan lejos, pero sí en un sitio diferente. Una experiencia única, tú solo, casa distinta, y creo que podría decir que hasta vida nueva.
Imagino que no será fácil, pero contarás con el apoyo de bastante gente incluido el mío, que yo no me olvido de que existes aunque en menos de dos semanas desaparezcas de aquí.
Espero poder despedirme de ti en condiciones, que ya es hora de vernos, ¿no?ia la mayoria

lunes, 28 de marzo de 2011

No trates como una prioridad si te tratan como una opción.


Podemos dar algo, y de hecho muchas veces lo hacemos, de forma absolutamente altruista. Somos, cuando entendemos que debemos serlo, generosos en las mil y una formas que podemos entender: con nuestro tiempo, para aquellos que lo requieren, con nuestro dinero, para quienes lo precisan, con nuestro apoyo desinteresado a las causas que creemos justas. Damos nuestras ganas por nada, queremos a alguien a veces sin correspondencia, en definitiva: somos capaces de ser solidarios hasta límites insospechados. Dejando eso sentado, y para cuando decidimos ser menos prodigiosos, apliquemos el famoso "algo a cambio de algo"
La reciprocidad, que implica que si alguien te regala ese algo, tú deberías estar dispuesto a corresponder posteriormente con otro algo. Generalmente siempre hacemos las cosas esperando algo a cambio y lo lógico, natural y necesario es corresponder. Si no lo hacemos, se produce un desequilibrio y se corre el riesgo de acabar con cualquier relación.
Salvo el caso de personas admirables, las ocasiones en las que hacemos las cosas por razones desinteresadas son contadas y ante todo, elegidas por nosotros y no por los demás. ¿Que nos gustaría que esto funcionara de otra manera y que en todo lo que hiciéramos no mediara un intercambio implícito de beneficio? Por supuesto, pero me temo que en la realidad es lo más corriente.
Cuando somos hábiles en lograr un beneficio concreto con quien tratamos, a cambio retornará, como mínimo, la inversión realizada y en algunos casos multiplicada.
Y a la hora de establecer lo que necesitan otros, no pienses estrictamente en términos materiales. Piensa que a veces lo que deseamos es simplemente reconocimiento o que alguien nos escuche o una cierta sensación de bienestar o más fácil: una sonrisa, algo de comprensión, una pizca de complicidad, cariño, ánimo ... Hay veces que sólo queremos sentirnos importantes o que nos miren a los ojos y nos digan ¡Eh, que te veo y que sé que estás ahí!

domingo, 27 de marzo de 2011

Intención sin acción? Es inútil.


No podemos cambiar nada en nuestra vida con la intención solamente, lo que puede convertirse en una esperanza ocasional y diluida de que lo haremos mañana. La intención sin acción es inútil.
Cambiar no es fácil. Nunca lo es, y quien afirme lo contrario se engaña o intenta hacerlo. Cualquiera que desee intentar una profunda reforma de sus convicciones establecidas, variar la esencia de sus actuales circunstancias o alterar los hábitos asimilados se enfrenta a una gran tarea.
Cuando nos proponemos cambiar algo en nuestra vida es porque hemos constatado, incluso con dolor, que no funciona ya de ninguna manera y que no hay otra salida. Si la hubiera, y teniendo en cuenta el esfuerzo que implica, nos quedaríamos sosteniendo la situación esperando una mejora.
La humildad es buena consejera cuando hablamos de cambios. A mí entender, es preferible afrontar la tarea con cierta medida, que intentar hacer desaparecer en sólo un instante algo, lo que sea, que nos ha acompañado tanto tiempo.
Y otra cuestión es la facultad de armarse moralmente, por si acaso no conseguimos el propósito. Nadie debe considerar humillante fallar cuando intenta algo y no lo consigue. Un fracaso eventual no debe influir ni en pérdidas de ánimo ni en la disminución de la fuerza que nos impulsó a cambiar. Digamos pronto que el fracaso no es fatal, pero si que lo es que nos sirva de coartada para dejar de intentarlo.
Y por supuesto, no hay que esperar que las cosas cambien porque si y justo en el sentido en el que nosotros pretendemos. En esa espera se nos puede ir la vida. La única variable que puedes de verdad manejar es tu propio cambio. El resto del mundo no cambia, no te equivoques, pero incluso te parecerá que lo hace, y realmente lo que cambia eres tú.
Si vas a renovar algo en tu vida, hazlo mientras que todavía haya una oportunidad, porque llegará un momento en el que quieras cambiar y ya no puedas hacerlo. Hay cambios que caducan.

Y así es la vida...!


El ajedrez resulta un juego insuperable, por los indudables paralelismos que tiene con la vida.
Las piezas se mueven sobre un escenario prefijado, poseen distintas jerarquías y valor, hacen o no hacen movimientos que como consecuencia, se traducen en aciertos o en errores y en fracasos. Las piezas dependen unas de otras para su progreso y su triunfo. Por si fuera poco, todas las piezas tienen sus oportunidades de brillar y el más pequeño rival (el peón) puede acabar contigo. Durante el juego te puedes mostrar expansivo y decidido o reservado y conservador, dependiendo de cada momento de la partida y de cómo evolucione esta. Ganes o pierdas, al final todas las piezas, independientemente de su valor, vuelven a la misma caja.
Parece que luchas contra un rival, pero en realidad luchas contra ti mismo y tu capacidad de idear, proyectar o arriesgar y anticipar las jugadas o el futuro. La situación de la partida puede llegar a ser desesperada, pero si continuas luchando quizás puedas ganar.
Y por si fuera poco, y aunque existe una débil relación entre inteligencia y habilidad en el ajedrez, el factor que explica mejor la brillantez de los jugadores, es el número de horas de práctica. Una buena lección para los que piensan que no es posible mejorar nunca, si ya de entrada no se cuenta con las condiciones adecuadas y perfectas.
Y hay que entender que no basta la inteligencia para ganar a este juego (en realidad a ninguno). Al tratarse de una competición, se valoran otras habilidades no exclusivas de las mentes más potentes: La capacidad para controlar los nervios, la tensión y la presión o la de no desanimarse y combatir, manteniendo viva la ilusión de la victoria hasta el final.

viernes, 18 de marzo de 2011

Cambiar.

Siempre es posible cambiar. Siempre se puede dejar atrás cualquier efecto del pasado que sintamos que nos condena en el presente. Siempre es posible comenzar de cero y ser alguien renovado o parcialmente distinto del que éramos ayer. Nos costará tal vez reconocernos en la nueva piel, pero si es lo que hemos deseado largo tiempo, sentiremos al conseguirlo estar disfrutando de una nueva vida dentro de ésta; con oportunidades inéditas, con proyectos desconocidos, con sentimientos insólitos, como si volviéramos a nacer y se nos concediera el deseo de emprender una nueva vida, pero con la experiencia ya acumulada atrás. No sabiendo quizá qué hacer, pero si lo qué no debemos de hacer en ningún caso.

Miedo.

Tras cada puerta nunca sabemos lo que espera y ese misterio es tal vez también el verdadero enigma de la vida: ir decidiendo en cada momento qué puerta debemos abrir para no extraviarnos en el laberinto.
Y dejamos a veces algunas puertas entreabiertas porque el miedo nos impide cerrarlas del todo, como si sintiéramos que podríamos arrepentirnos y necesitásemos volver atrás a recuperar aquello que habíamos dado por concluido. Lo hacemos sin pensar que en el momento en que una puerta se cierra, otra inevitablemente se abre y que esto es algo que sólo se cumple si hemos cerrado convenientemente la anterior.
Sin embargo, lo que de verdad puede hacernos daño y a la vez debilitarnos, es estar de pie frente a la puerta que toca abrir y no ser capaces de hacerlo, por el pavor que nos provoca no saber qué nos espera tras ella. Paralizados por la desconfianza o la cobardía, preferimos abstenernos antes que intentarlo.




miércoles, 16 de marzo de 2011

Oportunidades.

Escurridizas, efímeras, inesperadas, así son las oportunidades. Apenas una luz que brilla fugazmente y que si nos encuentra mirando hacia otro lado, se desvanecerá tan pronto como se presentó.
Cada día, y es más, cada momento, tenemos más oportunidades de las que pensamos. Lo fundamental es saber verlas (a veces se disfrazan de cualquier cosa) para poder aprovecharlas.
Lamentablemente no podemos echar un vistazo al levantarnos cada mañana a la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico, y encontrarnos un e-mail remitido por la sección de ‘oportunidades gloriosas’ del gran almacén donde se despachan destinos.
No sabemos cuándo llegan, pero otra cuestión inmutable sobre las oportunidades es que tampoco se pueden programar. Probablemente las deseemos cuando más llueve, igual que esperamos ansiosos la llegada del autobús si nos estamos mojando ateridos de frio, pero ese autobús llegará cuando deba llegar, ni antes, ni después.
Y además, deben estar basadas en algo que previamente hayamos deseado conseguir. Quiero decir, que primero tenemos que tener claro qué es lo que queremos, para que surjan las oportunidades que nos permitan lograrlo.
Trazar un plan alrededor de lo que se quiere conseguir o mejorar en nuestras vidas, resulta fundamental. Si nos planteamos con rigor que queremos alcanzar tal o cual meta, establecemos y diseñamos lo que creemos que debemos hacer para alcanzarla y nos ponemos a trabajar en ello, muy probablemente vayan surgiendo oportunidades para que lo consigamos. Cuando quieres algo, tienes que colaborar. Es un axioma.
Y también es clave estar despiertos, muy despiertos, porque las oportunidades se van deprisa: "Cuando el momento llega, hay que saltar la barrera sin vacilar".
La oportunidad perdida nunca vuelve atrás. Vendrán otras, pero la que pasó, pasó, y probablemente si nosotros no fuimos lo suficientemente diligentes o decididos para aprovecharla, algún otro lo habrá hecho en nuestro lugar.


(L

Ninguna relación humana contempla la posibilidad de que uno se halle en posesión del otro. En cualquier pareja de almas, las dos son absolutamente diversas. Tanto en la amistad como en el amor, ambas, codo con codo, levantan las manos juntas para encontrar aquello que ninguna de las dos puede encontrar por sí sóla.

Sh!

Pasan los minutos. Pasan las horas. Pasa algún día. He leído de todo. He hecho de todo. Pero resulta muy difícil escapar al propio silencio. Lo dijo hasta un sabio japonés: puedes escapar al ruido del río y de las hojas al viento, pero el verdadero ruido está dentro de ti.

lunes, 14 de marzo de 2011

Recuerdo.

Qué difícil es olvidar las cosas bonitas.
En algunas ocasiones, los demás no existen. Y ésta es una de esas ocasiones.
No hay nunca un porqué para un recuerdo; llega de repente así, sin pedir permiso. Y nunca sabes cuando se marchará. Lo único que sabes es que lamentablemente volverá.


Sentimientos.

Basta. Estoy fuera. De los recuerdos. Del pasado. Pero también estoy perdida. Antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan. Y las cosas más estúpidas, cuando estás enamorada, las recuerdas como las más bonitas. Porque su simplicidad no tiene comparación. Y me dan ganas de gritar. En este silencio que hace daño. Basta. Déjame. Ponlo de nuevo todo en su sitio. Así. Cierra. Doble vuelta de llave. En el fondo del corazón, allí, en aquella esquina. En aquel jardín. Algunas flores, un poco de sombra y después dolor. Ponlos allí, bien escondidos, te lo ruego, donde no duelan, donde nadie pueda verlos. Donde tú no los puedas ver.

Des-control.

Me entrego completamente a vivir sin más ni menos que, sin tener que preocuparme de tener el control de la situación. Me libero de la carga pesada, que tanto tiempo llevé al hombro, una carga que me obligué a poseer, nadie dijo que sería fácil, nadie dijo que fuese necesario ... y un día tras otro piensas - "Al fin y al cabo, mañana será otro día" pero sigues con ello encima ...
Hoy fue uno de esos días en que mi niñez me obligó a abandonar mi vida de "adulta"; hoy me entregué a la risa, a la desesperación, a la emoción injustificada ... porque estaba en una situación poco llevadera, frustración; caí, me sentía más abajo que nunca, fuera de sí, no era yo ... y apareció esa vocecita de dentro que me hablaba, la escuché. Te oí y entendí lo que me dijistes ... El camino se abrió hacia mí, pero no como nunca me imaginé que fuese ...


domingo, 13 de marzo de 2011

Algo tan sencillo...


Tan simple como una palabra, a veces cuesta tanto decirla, que empiezas diciendo tonterías y acabas sin saber lo que estás diciendo. Es tan sencillo como coger aire, mover la boca ... y soltarla ... pero al mismo tiempo resulta tan complicado, solo con pensar en decirlo, que al final no lo dices hasta que llega ese momento en el que todo te da igual, que ya no tienes nada que perder y si lo dices puedes quedarte igual o incluso ganar ... pero, ¿cuando llega ese momento? ¿por qué siempre esperas al último momento para decir algo tan sencillo, si has tenido horas, días, meses e incluso años para hacerlo?